Dejamos atrás Santo André y seguimos costeando, hacia el norte. Aqui al lado,» dónde estamos»,  podéis pinchar y ver la ruta que hacemos.

Normalmente las travesías tienen pocas anécdotas, sin embargo estas 60 millas han sido accidentadas, el viento suba y bajaba mucho y en una maniobra para quitar los rizos de la mayor, Mónica estaba  en la base del palo ayudando a correr los cabos y yo en el “piano” de drizas y escotas  y el timón. En una de estas, sin darme cuenta he apretado con el pié el botón del winch eléctrico y tenía la mano puesta en él, total que me he pillado la base del pulgar con la driza de la mayor, y hasta que no he dejado driza con la otra mano, no me he podido liberar. No me he roto nada, pero ha dolido mucho.!!, voy a estar medio manco unos días.Por suerte no tendrá consecuencias.

La siguiente parada la hacemos en Ilheus, Aquí en el siglo XVIII, hubo  un gran crecimiento debido a las plantaciones de cacao. Hoy es sólo un resort turístico de playas y hoteles. Al centro histórico sólo le quedan algunos edificios bastante abandonados. Cómo muchas cosas buenas que han pasado en Brasil como la fiebre del Oro, que acabó abruptamente. A finales de los 90 del siglo pasado  al Cacao le pasó igual, una plaga, llamada «vassoura de bruxa», escoba de bruja,  algunos maliciosos dicen que introducida por saboteadores, acabó con el floreciente negocio de este fruto, que llevaban explotando desde 1800.   Le llegaron a llamar el ouro branco, Ahora lo intentan recuperar artesanalmente. Pero Brasil ha dejado de ser un gran productor de cacao.

Ilheus , no  nos gustó, era domingo y estaba tristísimo, que lloviera tampoco ayudó nada.  Jorge Amado el famoso escritor brasileño era de aqui cerca, primero vivió en Ilheus y luego en Salvador de Bahía. El retrató en sus libros la vida en las plantaciones. leed Tierras del sin fin.

Fondeamos delante del Club Náutico, que no tiene ni un solo  barco en el agua, sólo algunas motoras en hangares. Mirad que nombre tenía una de ellas.. No nos extraña nada, náuticamente esta parte de la costa es muy poco atractiva. Pasamos un dia y volvimos a Zarpar.

 

Nuestra siguiente parada: Itacaré. Es un pequeño pueblo que tampoco tiene puerto y tuvimos que repetir la maniobra de buscar un pescador, que nos guiase para poder fondear dentro del Rio Das Contas. Esta vez nos llevó bastante tiempo y me toco perseguirlo casi 2 millas antes de alcanzarlo. Y es que los derroteros te dicen que sólo te fíes de los locales, ni cartas ni nada. ¡¡La entrada esta entre bancos de arena, y a veces parece que la puedes cruzar andando!! En las fotos se ve la pobre información que teniamos y como el navegador nos indica que estamos en tierra firme, cuando estamos en el agua. Que poco te puedes fiar de la electrónica aqui!

Habíamos zarpado a las 3 am para poder estar allí en la marea alta, a las 9.00, ese día además había luna llena y las mareas son mas “vivas”, es decir suben y bajan más. En Itacaré casi 2 metros.

Por supuesto somos los únicos barcos deportivos y fondeamos dentro del río entre barcos de pesca. Pronto se van acercando para vernos de cerca, no suelen pasar muchos veleros por aquí.  Alucinábamos a medida que bajaba la marea y los barcos que estaban apenas a 25 metros de nosotros se quedaban en seco, por suerte nos asesoraron bien, y siempre nos quedó un metro de agua o más bajo el barco. Cuando bajas a tierra, en el bote, tienes que pensar qué momento de marea es, y a qué hora volverás, ya que según donde ancles, hay que nadar para coger el bote, porque ha subido la marea y dónde el agua te llegaba al tobillo ahora te llega a las orejas, o al revés y tienes que arrastrarlo por la arena más de 80 metros, por que el agua se ha retirado y lógicamente no flota.

Itacaré si tiene encanto, por un lado, da a mar abierto, es la zona de las playas con chiringuitos y resorts de surfistas. Son realmente paradisíacas y espectaculares. Juzgad vosotros mismos por las fotos.

Aquí pudimos empezar a disfrutar de una tradición Bahiana (del estado de Bahía), la capoeira, ya que había un par de chicos practicando. No entendimos nada, pero era impresionante, esta mezcla de baile-lucha, que los esclavos de origen africano practicaban en esta zona.

El otro lado del pueblo da al río, con una actividad frenética de pesca tradicional. y en la playa del «pueblo», la de los locales, la que no van los turistas, noche y dia partidos de futbol, desde las 8 de la mañana hasta pasadas las 10 de la noche!!

 

Pesca tradicional significa que entran andando al río o desde un bote de remo, en singular, tiran una red redonda de unos 3 metros de diámetro y la recogen cerrándola por el centro. Hay docenas de pescadores así, y pescan los peces de uno a uno o de ninguno en ninguno. Aquí están las fotos. Te da la sensación de que estas en otro siglo.

La calle principal que une el casco viejo con las playas esta llena de tiendas, bares y restaurantes, pero lo que más llama la atención es la cantidad de gente que se pasea con la tabla de surf bajo el brazo.

El río tiene tela, no solo la corriente llega a los 5 nudos, sino que además cuando llueve bajan todo tipo de ramas y plantas. En concreto un montón de plantas flotantes que crecen río arriba, les llaman baronesas. Y que cuando llegan al barco son peligrosas, son muy grandes, como islas flotantes, se pueden enredar en el ancla, aumentar la fuerza del río y hacerte garrear, y además tienen todo tipo de bichos, pájaros, insectos, alguna serpiente, etc., que se te puede subir al barco. ¡¡Así que estamos atentos ya que si se enredan hay que quitarlas deprisa, y por supuesto todos los portillos cerrados!!

Aquí hicimos un par de excursiones, una cómo no a una plantación de cacao, dónde aprendimos todo el proceso desde la planta a la comercialización. El viaje de unos 20 minutos tuvo su emoción nos cruzó una serpiente de mas de dos metros, nos quedamos tan impactados que no dio ni tiempo a hacer la foto. ¡¡Era inmensa!!  Nos contaron que está prohibido matarlas, las capturan y las usan para sacarles el veneno y elaborar antídotos.

Estamos en temporada baja, en Villa Rosa no hay nadie y la visita es vip, sólo para nosotros Primero visitamos una hacienda muy bien restaurada, que ahora es de un neoyorquino, y luego fuimos a ver la plantación.

El cacao es un árbol que crece bajo la sombra de otros, sobretodo de la palmera dendé, de la que se saca el aceite de palma,  así que en medio de la selva-bosque hay que identificarlos. Todo se hace absolutamente manual.

Del fruto que es amarillo se aprovecha la pulpa y se hace el mel de cacao, una bebida muy dulce, la suelen tomar granizada con vodka o con cachaça, (licor de caña de azúcar), que es lo que estoy haciendo mientras escribo esto. Las semillas se dejan secar, luego se tuestan, se les saca la cáscara y lo que queda es el cacao 100% puro. Que es muy amargo. A medida que le añaden azucar se va rebajando, por ej al 75%, si luego le añaden leche en polvo, es cuando es cacao mas diluido todavia, 55%.

Otra de las excursiones era por el río. hay que subir unas millas, meterse por un afluente entre los manglares y llegar a unas cascadas.

Nos fuimos con Raki, ¡¡nuestro bote hinchable y su fueraborda del 1989!!, unas cinco millas río arriba. En el bote de Yuka y Francesco, nos acompañaron dos niños del pueblo que ese día no tenia cole por la huelga general del país, y que con sus 10 y 13 años nos hicieron de guías.

¡La última parte es muy divertida, dejas el río y te metes por los manglares, cada vez es más estrecho, te han advertido que no toques ni una planta ni una rama por los nidos de moscas que viven allí y muerden!!, Al final cuando no se pudo avanzar más, seguimos a pie hasta una cascada en la que nos bañamos como niños, agua fresca y mucha!!

Los pasamos muy bien en Itacaré, pero hay que seguir hacia el norte. Siguiente parada la costa del Dendé.

 

 

 

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