Como ya os hemos comentado anteriormente, además de navegar nos gusta conocer zonas del interior de los países que visitamos, así que nos tomamos unos días de descanso de barco y nos vamos a pasar unos días a la montaña y a caminar un poco.

Lo hacemos coincidiendo con las “fiestas juninas”. La segunda quincena de junio es muy festiva en Brasil. Se celebra la fiesta de São João, pero no sólo el día de San Juan, sino que empiezan unos días antes y lo alargan hasta San Pedro en algunas localidades.

São João es festivo en todo el país, pero se celebra especialmente en el estado de Bahía, en el que estamos desde hace unas semanas. Yo creo que son sus vacaciones de invierno.

Nos recomiendan que lo pasemos en los pueblos mas que en la ciudad, porque lo celebran mucho mas.

Fuimos el primer día a las fiestas en la ciudad, en Pelourinho (casco antiguo de Salvador de Bahia) y fue muy colorido y con mucha música. Lo que mas nos sorprendió fue la cantidad de policía que había por todas partes, increíble. Esto se repitió en todos los pueblos.

 

Aprendimos que la música que se baila estos días es el “Forró”. Es la música popular del noreste de Brasil, interpretada por sólo tres músicos: acordeón, triángulo y pandereta o zabumba (un tambor africano) A veces los acompaña una guitarra por lo que hemos visto.

Todos bailan forró como como locos, día tras día y se saben todas las canciones !  Se baila siempre en pareja, dos pasos a la izquierda, dos pasos a la derecha; parecía sencillo, pero me parece que no se nos dio demasiado bien…

Después alquilamos un coche y nos fuimos unos días de excursión a la Chapada Diamantina.

La primera parada la hicimos en Cachoeira y São Félix, dos pueblos separados por un rio y unidos por un puente. Sus fiestas de São João son de las mas populares. Además de mucha gente y conciertos de forró, lo que había era una feria al estilo de las de cuando éramos pequeños : noria, autos de choque, caballitos, casetas de tiro, piscinita donde pescas pececitos con premio, las tazas giratorias que tanto marean, algodón de azúcar, manzanas caramelizadas,…en fin , lo pasamos en grande y descubrimos que se nos da bastante bien lo del tiro al blanco. De 15 disparos, 7 aciertos entre los dos. No está mal, nos dieron varios premios (bolsas de patatas, de galletas, caramelos, bombones).

Y finalmente llegamos al Parque Nacional de la Chapada Diamantina.

Chapada significa sierra o zona montañosa (no son montañas altas) y diamantina, porque en esa zona había muchas minas de diamantes antiguamente y aún ahora, los buscadores  (garimpeiros) encuentran algunos en los lechos de los ríos. Dicen que estos diamantes se formaron hace millones de años cerca de la actual Namibia, pues Bahía colindaba con África antes de la separación de los continentes.

Es una zona muy turística, aunque ahora es temporada baja y había poca gente, a pesar de las fiestas.

La población mas importante es Lençois y allí nos quedamos en una pousada. Es un pueblo de estilo colonial muy agradable , lleno de restaurantes y bares con terraza, muy animado.

Llegamos el día 23 de junio, así que nos vamos de verbena y a celebrar nuestro aniversario de boda.

 

Habíamos contratado un guía para que nos acompañara a las excursiones, porque es muy fácil perderse y no está recomendado ir solos.

Pasamos cinco días haciendo excursiones por la montaña y también muchos kilómetros en coche, porque para ir de un punto a otro las distancias son enormes. Y cada día volvemos agotados a la pousada, porque en la vida de barco andamos muy poco y aquí andamos varias horas y muchas subidas y bajadas, que se nos hacen muy “cuesta arriba”.

Bien equipados con ropa ligera, repelente de insectos, protegidos del sol y buen calzado para proteger los pies (sobre todo de los bichos), empezamos nuestro periplo terrestre.

Las excursiones son variadas, a cascadas muy altas, otras no tanto pero con mucha agua, cuevas, montañas con buenas vistas, grutas, “trilhas” o senderos preciosos, con vegetación muy variada, etc. Y nos bañamos en casi todas las cascadas, donde el agua tiene un color marrón dorado, por la cantidad de minerales que lleva en suspensión.

Visitamos alguna cachoeira (cascada) en la que las piedras hacen de tobogán y te dejas llevar por el agua deslizándote sobre las piedras. Se tiene que ir con mucho cuidado para no patinar.

 

Zona de rocas de arenisca, formada por piedras y arenas de diferentes colores y que llaman el “Salón de las Arenas”

 

 

La Cachoeira dos Mosquitos, rodeada de unas formaciones rocosas muy bonitas.

También entramos en la cueva Poço Azul, donde hay un laguito de agua clarísima, desde luego la mas clara y transparente que hemos visto en Brasil; cuando estas en el agua parece que flotes en el aire.

Lo gracioso es que nos obligan a ponernos chalecos salvavidas ¡!!

La mas espectacular de las cascadas creo que fue la Cachoeira de Buraçao. Después de andar mas de una hora por un sendero y una fuerte bajada por rocas (que después hay que subir para volver) se llega a la zona de la cachoeira; por cierto nos topamos con una serpiente por el camino (horror ¡!!). En portugués serpiente se dice cobra, por lo que cuando te dicen “una cobra”, aunque sea una culebrilla, te pegas un susto de muerte

La llegada a la cascada es muy espectacular. Te has de tirar al agua, con chaleco salvavidas obligatorio, y nadar por un paso estrecho, como un desfiladero, en el que hay bastante corriente en contra, así que hay que nadar cerca de las piedras de los lados y en algún trozo cogerte a las piedras para que la corriente no se te lleve. Entonces llegas a un espacio mucho mas amplio, circular donde está la cascada. Impresionante ¡!! Tiene unos 90 metros de altura y cae muchísima agua, el ruido es ensordecedor y es toda una sensación nadar allí.

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Otro día visitamos una cueva , la Gruta da Fumaça, llena de preciosas formaciones de estalactitas y estalagmitas. Sorprende el calorcito que hace dentro, siempre que había visitado cuevas de estas dentro hacia bastante fresquito, sin embargo en esta la temperatura es mas alta que fuera, por eso el nombre de Fumaça, porque a veces si la temperatura fuera es mas baja y hay humedad, en la entrada de la cueva se forma una nube de vapor de agua.

La gruta da Pratinha y la Gruta Azul, también de aguas transparentes.

Subimos al Morro do Pai Inácio, un pico de 1.120 metros con fantásticas vistas. Mucha gente sube aquí al atardecer para ver la puesta de sol desde aquí. Nosotros lo hicimos.

Vamos al Vale do Capao y subimos hasta la parte alta de la Cachoeira da Fumaça, la mas alta de Brasil. Una hora de fuerte subida y otra de andar en plano, pero merece la pena por las vistas del valle y de la cascada desde arriba.

En la cascada cae poco agua y se llama así porque el agua nunca llega abajo, se pulveriza y evapora antes de llegar abajo. Tiene una altura de 380 metros y os aseguro que desde arriba, mirar abajo desde el borde de las piedras da auténtico vértigo.

En el camino de vuelta nos volvemos a encontrar una “cobra” !!!

Realmente la Chapada Diamantina es una zona muy bonita  y que merece la pena visitar si pasas tiempo en Brasil. Es Parque Nacional desde 1985. Nosotros la disfrutamos mucho.

Cansaditos y muy contentos y satisfechos con nuestra experiencia tierra adentro, finalmente cogemos el coche y volvemos a casa, o sea al barco, por la carretera “nacional” , plagada de camiones y aún mas de agujeros en el asfalto. Sorprende la cantidad de agujeros que hay, no puedes ir deprisa por que corres el riesgo de reventar una rueda y está lleno de ellos.

¡Y es la carretera nacional !   Así es Brasil …

 

 

 

 

 

 

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