Antes de venir a Brasil ya estaba en mis sueños venir al Amazonas, quizás algunos libros que había leído o algunas historias míticas, siempre me evocaron algo de misterio y aventura en esta zona selvática del Brasil.

Ya sé que hemos ido en plena temporada de incendios, pero para que os hagáis idea del tamaño, la Amazonia tiene mas de 7 millones de kms2., 4.000 de ancho y mas 3.000 de norte a sur. Manaos está rodeada de ríos y por eso aquí no hay incendios. están muy lejos.

 

Manaos es la capital del estado Amazonia, aunque la amazonia como zona forestal incluye otros estados más. Y parte está fuera de Brasil, en Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Surinam, Guyana Francesa y Guyana.

 

Su fama viene de la época que se descubrió el caucho, que era importante para las ruedas de los coches, que Henry Ford empezaba a fabricar.  Llegaron a construir una fábrica de neumáticos y una ciudad, pero nunca llegó a funcionar.

Eso hizo que viniera mucha gente de los alrededores y ya en 1924 tenía 125.000 habitantes. Ahora es una fea ciudad de mas de 2.100.000 con más de 400 fábricas. El gobierno dio muchos incentivos a la creación de industria, y la población se ha doblado en los últimos 20 años. ¡Sin planificación alguna es un caos de coches y una ciudad sin árboles!

También es un gran destino turístico mundial.

La época de esplendor les duró apenas 30 años, los ingleses les robaron las semillas del árbol del caucho y crearon grandes plantaciones en Malasia. Aquí el caucho se obtenía de manera extractiva, es decir de los árboles sueltos que hay en la selva. Así que, con la nueva competencia, el declive fue inmediato.  El boom del petróleo no les dio opción. Hoy de aquello sólo quedan unas cuantas explicaciones para turistas. Una vez más la historia de Brasil: auge super rápido y durísima caída poco después, Cacao, Oro, café, algodón ahora caucho.

De este esplendor lo más famoso y que permanece es el Teatro Amazonas, espectacular, por dentro y por fuera. Por dentro se parece mucho al Liceo de Barcelona y al Fortuny, de Reus. Os dejo fotos de los 3. Y juzgáis vosotros mismos.

Era el símbolo de una nueva clase, nuevos ricos, venidos de todas partes del mundo, que emulaba en todo a Europa, y de la que se traía todo. La llamaban el París de los trópicos. Dicen, que algunos se mandaban la ropa a la tintorería a Londres, no se si será verdad, pero que absolutamente todo era importado, y que fue la segunda ciudad de Brasil en electrificarse dice bastante.

Tuvimos la suerte de poder asistir a un pequeño concierto con coro y guitarras y lo disfrutamos mucho. Además, resultó gratuito. ¡Las butacas son más cómodas que las del Fortuny, los palcos un poco más pequeños, y no tienen gallinero!

La ciudad es como muchas brasileñas, fea y desorganizada, hay que buscar entre edificios horribles, las joyas arquitectónicas que recuerdan los pocos años de esplendor. Y hay muy pocas.

Aprovechamos para visitar un par de museos y especialmente un centro sobre la vida de la amazonia, que resultó muy interesante, para saber cómo viven todavía hoy las mas de 15.000, si he dicho bien 15.000 tribus indígenas que no están en contacto con la civilización occidental.

Es curioso el puerto, centro de toda la actividad de la región, ya que además de los cientos de ferries y barquitas, están los mercantes que traen todo hasta aquí. Y eso hace pensar que Manaos, está a 1.000 millas, 1.850 km del mar, que es lo que tienen que remontar para llegar hasta aquí. En algún lugar, el rio tiene más de 50km de ancho. Es grande de verdad.

Por supuesto esto es Brasil así que al lado de la ciudad y sin temor a impacto ecológico, esta su refinería, con sus petroleros, tan ricamente.

Me impaciento por conocer y ver de cerca la selva, y como no vamos hasta dentro de dos días, contratamos el tour de un día para turistas: ver delfines rosas, encuentro de aguas, pescar pirañas, ver monos. Pues es para turistas y lo disfrutamos.  Visitamos un poblado semiindígena, hicimos el indio, nos pintarrajearon y probe hormigas asadas. Jugamos un rato con los monos.

Lo mas curioso, el rio Amazonas es la confluencia de dos ríos, uno Negro que viene Bolivia y otro el Solimoes,  que nace en Perú, en los Andes y es marrón con agua fresquita. Las aguas de los dos ríos son de diferente temperatura, unos 6 grados. El caso es que no se mezclan y durante 10km dicen unos, 18 dicen otros, las aguas se ven separadas, es un efecto curioso. Ahí lo veis.

Nos vamos a vivir tres días a la selva, dos coches y dos lanchas rápidas para recorrer los 80 km, 4 horitas. Nuestro alojamiento son casitas de madera en medio de la selva.

Le llaman lodge, pero no llega a esa categoría. Eso si está en medio de la selva con bichos de todo tipo.

Los guías son gente que se ha criado aquí. Alguno no ha salido nunca, de la zona y cuando van fuera es a Manaos y solo un par o 3 veces al año. SU mundo es la selva, lo conocen todo y nos lo intentan transmitir. Es apasionante.

Los paseos en lancha son muy divertidos, vas bastante deprisa, y de momento lo ves todo a distancia, luego, baja la velocidad y te metes por la selva. Pájaros de todos los colores. Mosquitos de todos los tamaños. Pican incluso a través de la ropa. Nosotros le pusimos permetrina a la ropa y nos hemos rociado de repelente antes de salir, pero aun así alguno nos consigue atacar. La luz desaparece de repente, los árboles llegan a los 40 metros de altura, todo en penumbra y muchísimos mas ruidos de bichos que no ves, te dicen el nombre, pero o es en portugués o en indio, y nos quedamos igual.

Primera experiencia ir a pescar pirañas, no se nos dio mal, un par cada uno, son voraces y pican deprisa. Los locales se las comen si son grandes. Por la noche a buscar cocodrilos, hay muchos, pequeños y algunos hasta 5m de largo.

Vemos las casas de los locales, entre ellos se llaman indios, sus abuelos lo eran, las nuevas generaciones sólo la mitad se saben desenvolver en la selva

. Ahora tienen tele, teléfono, luz eléctrica a 3 euros al mes y algunos internet si pueden pagar los 65€. Mas tarde visitaríamos una casa con todos sus integrantes desayunando pescado del mismo plato. Las casas se las autoconstruyen y les duran unos 25 años, luego las maderas se estropean y las tiene que hacer de nuevo. Los tejados de hojas de palma los cambian cada 5 años.

Hay de dos tipos, flotantes, o sobre palafitos. El nivel del agua según temporada, de lluvias o seca, fluctúa hasta 5 metros. Todos son autosuficientes, gallinas, algún cerdo, pequeño huerto en alto, piñas, mangos, café, mandioca, un poco de todo. Y pescado sobre todo mucho pescado.

Viven de la pesca, de lo poco que cultivan y de lo mucho que les da la naturaleza, gratis.

Una de las mejores experiencias fue una caminata por la selva, dejamos las chanclas y nos ponemos las botas cerradas, ¡instrucciones claras de mirar donde pisamos y no tocar nada!

Mientras andamos nos van dando explicaciones de multitud de cosas que se obtienen de muchos árboles, vemos algún animalillo, monos, muchos pájaros, alguna araña gorda. En fin, de todo. Y calor, mucho calor.

Nos proponen un baño en el río, pero los bichos del día anterior y los caimanes nos quitan la idea. Aunque otro dia si me atreví, llovió y se estaba mas caliente dentro del agua.

Por la tarde noche nos vamos de pesca. Nuestras guías pescan con arco y flechas por el día, mas tarde después de cenar iremos a pescar de noche por la zona mas pantanosa.  Y de paso a dar mas opciones a los mosquitos. La pesca nocturna con linternas y arpón, en bote de remos, en el que nos acomodamos casi encogidos para caber en él, con nuestros dos guía DoDo y Pelé,  es realmente excitante, aunque no para hacerla todos los días.

La experiencia de escuchar la “opera” de la selva, que es el ruido de todos los animales, mientras nosotros en absoluto silencio para no asustar a los peces, no hace sentirnos muy especiales. Como además es sólo para nosotros dura hasta que nos cansamos.

Al principio daba yuyu, hasta durante el día pasar  por debajo de troncos, lianas, ramas con bichos que cuelgan, al cabo de tres  de días y muchas horas de lancha por las zonas mas intrincadas, dejas de sufrir y lo disfrutas de verdad. Una gozada. Nos durará años la sensación.

La última experiencia ha sido ir a ver y que nos cuenten como trabajaban y vivían los siringueros, los que extraían el caucho. Así que, a un nativo local, le han pedido que fuese a las 6 am para extraerlo, siempre se hace de noche, para que a las 8 cuando llegásemos Mónica y yo ya hubiese extraído medio litro y nos pudiese hacer una demostración de cómo ahumándolo iba cogiendo consistencia y al mismo instante adquiriendo las propiedades elásticas y resistentes que la lechosa savia del árbol por sí misma no tiene. Primitivo si es.

Todo sencillo pero interesantísimo, antes de volver a la civilización, una corta visita a una tienda para locales. Es como una casa flotante en el rio, que recuerda las tiendas del Far west, un poco de todo, pero con otras dimensiones, la harina en sacos de 50kg y así.  La gente viene a comprar y se desplaza siempre en barquitas de aluminio con fueraborda.

Nosotros nos volvemos a la civilización. De repente volvemos a estar en una terminal de aeropuerto con aire acondicionado y un capuchino.

teatro amazonas

el rio y todo lo demás

desde nuestra cabaña

en luna plaza de Manaus

CatalàEnglishFrançaisEspañol
A %d blogueros les gusta esto: