Desde Abrolhos vamos de nuevo hacia el norte, esto va a ser casi siempre así durante los próximos meses.

Vamos a recorrer un tramo de costa que tiene unas 150 millas, y es conocida por la ruta del descubrimiento.

Recordáis que os conté que Pedro Alvares Cabral, descubrió el Brasil por casualidad en el viaje que hacia África del sur y luego a la India, y a continuación del viaje de Vasco de Gama.

Pues resulta que vino a parar a esta zona, en concreto el 22 de abril de 1500, y dónde desembarcó se llama Coroa Vermelha. Luego os cuento más.

En Abrolhos, nuestro instructor de buceo nos sugirió que fuéramos a Cumuruxatiba, no está en los pilots, o derroteros, pero decidimos ir de todos modos.

Esta costa, es baja, es una interminable playa de cientos de kilómetros, con palmeras y un poco de bosque. Ya no tenemos ni la selva atlántica ni las montañas que había en Ilha Grande o Rio de Janeiro. Es una costa poco atractiva para navegar, que nosotros vamos recorriendo en trechos cortos. Nos interesa lo que pasa en tierra.

Encontrar el lugar no es difícil, pero la entrada en el arrecife es otra cosa. Tuvimos suerte y vimos a un pescador que regresaba de poner sus redes, y en nuestro “portuñol”, nos hicimos entender para que nos guiase en la entrada.

Es raro encontrarse en agua abrigada y lo es más no ver ningún dique ni pared, ni rocas que te protejan, solo un arrecife submarino, que no ves.

Fuera había olas y mar de fondo, nosotros dentro de una piscina, pero sin ver los bordes, sólo cuando baja la marea. Es la primera vez que entramos en un sitio así, e impresiona un poquito.

Cumuruxatiba, no pintaba nada bien desde el mar, pero una vez desembarcados resultó ser un sitio espectacular. Por supuesto todo el pueblo sabía que un par de catamaranes había llegado, ya que así nos lo decían allí dónde íbamos: ¿sois los de los barcos verdad? Hubo un pescador de langostas que estuvo con su bici dando vueltas hasta que nos encontró, nos tenía que vender algo, y a 10€ el kilo me deje tentar. Al dia siguiente vino a ver si me colocaba más.

Las imágenes de un lugar dónde el tiempo no pasa.

Un par de días en Cumuruxatiba y seguimos costeando, siguiendo hacia Caraiba. Aquí tuvimos peor suerte, la entrada es en un río, y no había calado suficiente para nosotros, además entró un chubasco en ese momento y decidimos no jugárnosla.  Si es difícil con visibilidad, lloviendo a cántaros y con rachas fuertes de viento, no nos atrevimos. ¡Luego sabríamos que de todos modos no habríamos podido entrar, sólo había 50 cm de agua! (necesitamos 1,80m)

Tuvimos que navegar muy deprisa otras 20 millas hasta llegar antes del anochecer a Puerto Seguro.

El nombre se lo puso un gracioso, no tiene nada de eso. Ni es un verdadero puerto, ni es seguro. La entrada es entre arrecifes y muy pegada a la playa, y tienes que entrar en marea alta. De nuevo suerte tuvimos de encontrar otro pescador que nos guio haciendo eses entre los bancos de arena.

Cuando por fin fondeamos, con dos anclas, proa y popa, para no meternos en la única zona navegables, pero que es la de los ferries que cruzan el rio; vino uno de los remolcadores para decir que esa zona de fondeo era de ferries y que nos teníamos que mover. El problema es que había anochecido, la corriente del rio a en su máxima esplendor, 5 nudos, y no teníamos a penas alternativas.

Acabamos en un Pier de un hotel abarloados a un barquito de pasajeros, pero por ser incapaces de sacar el barco. ¡¡La corriente se nos llevaba!! ¡Esa noche rompimos una amarra de 24mm, suerte que pusimos 6!

A la mañana siguiente, otro velero que rompió amarras acabó en un banco de arena, como lo prueban estas imágenes.

Aquí nos tocó hacer la entrada de control en la Marina de Brasil, y es que cuando cambias de estado o capitanía marítima tienes que hacer casi los mismos trámites que si vienes del extranjero.

Ahora estamos en el estado de Bahía. Ya hemos visitado por mar los estados de Sao Paulo, Rio de Janeiro, Espíritu Santo y ahora Bahía. Nos faltan: Pará, Ceara, Rio grande do Norte, Paraiba, Pernambuco y Alagoas.

Desde el inicio llevamos navegadas mas de 6.000 millas (11.112km), pero para salir de Brasil nos faltan mas de 2.500, lo que nos llevará unos meses.

Porto seguro no es bonito, tiene algunas casas pintadas de colores y algún edificio antiguo, es el punto de entrada a esta zona turística, tiene hasta aeropuerto internacional.

Al otro lado del rio, enfrente de Porto Seguro, esta Arrajal d’Ajuda, un destino turístico de primer nivel, con buenas playas y restaurantes y boutiques.  Curioso lo evolucionado que está. Mucho más que Buzios. Hasta ahora lo que mas nivel tiene de resorts, restaurantes de lo visto hasta ahora.

Después de dos días y lo incómodo que era estar amarrados allí, y aunque el gerente de la marina nos trató exquisitamente, decidimos seguir nuestra ruta, el siguiente destino es Santo André y Santa Cruz de Cabralia.

Durante la ruta vimos la única montaña que hay en esta zona, el monte Jacob, y es el monte que vieron los portugueses cuando llegaron a esta zona. Por eso el nombre de costa del de descubrimiento.

Esa zona, en concreto delante de dónde hoy está la población de Trancoso, en la que anclaron estaba muy desprotegida, y volvieron sobre su estela unas millas al norte hasta una bahía enorme.

Antes de Santo André, está esa bahía con arrecifes al norte y al sur, imaginaros un puerto muy grande con los diques hundidos.

En esa Bahía, llamada Coroa Vermelha, es dónde fondearon el 23 de abril de 1500, Pedro Alvares Cabral y su flota de 13 barcos.

Y el 5 de mayo de 2019, Mónica y Yo con el Plan B y nuestros amigos Francesco y Yuka con el Oroboro.

Ahora es un destino turístico, con chiringuitos y hamacas, mucha música y bastante divertido. Docenas de vendedores ambulantes que ofrecen todo tipo de comida, y al lado de también docenas de tiendas de souvenirs y algunos puestecillos de artesanía de los indios Patoxa, que todavía quedan por aquí.

Nos dio por hacer el indio un rato y os podéis reír con las fotos, las hicimos para eso.

En la playa puedes estar en un chiringuito que sólo da bebidas y pescados, pero te vienen a vender, pinchos de carne y pescado, quesos, ostras, langostas, helados, fruta, casi de todo. Además, se nos ve cara de guiris, y lógicamente paran todos, absolutamente todos.

Las ostras estupendas, por 10€ te dan 25.

También hay muchas actividades, y nosotros sacamos las nuestras. Yuka sacó el Kitesurf, y Mónica aprovecho para hacer un vuelo en Parapente con motor.

A pesar de ser un centro turístico, es un centro histórico de primer nivel.

Es el primer sitio dónde se celebró una misa en Brasil, en 1500 y donde el Papa Juan Pablo II celebro una misa de aniversario en el 2000. Este es la cruz monumental

Portugal acababa de conocer por Vasco de Gama, la ruta a las indias por el cabo de Buena Esperanza, esta era ahora su prioridad, acababa de llegar a Lisboa en julio 1499.

La segunda expedición a las Molucas era la de Cabral, pero en una tormenta se desviaron y acabaron en la costa de Brasil.

Ya sabían por los dos viajes de Colon, 1492-93, y 1493-1496, que había tierra en esa parte del globo, y conocedores del tratado de Tordesillas, la reclamaron para Portugal.

Alvares Cabral, después del descubrimiento siguió viaje hacia la India, encontrándose con el resto de la flota en Mozambique, y tuvo un fructífero viaje ya que regresó luego a Portugal cargado de especias. A pesar del desvío, fue el viaje más rápido que nunca se hizo hacia la India, hasta que aparecieron los barcos de vapor casi tres siglos más tarde (para los eruditos, os cuento que falleció en el siguiente viaje la india, desapareciendo en el índico).

En mis lecturas he descubierto que en realidad Vicente Yáñez Pinzón (el capitán de la Niña, en el primer viaje de Colón) que había conseguido permiso de los Reyes Católicos para hacer un viaje al nuevo Mundo, llegó al Cabo de Santa María de la Consolación, cerca de dónde hoy está Fortaleza, también por causa de las tormentas, a finales de 1499, unos meses antes que Cabral. Recorrió la costa norte, y desembocadura del Amazonas incluida, antes de llegar a Trinidad y luego seguir hacia Puerto Rico. Fue el primer español que al mando de una expedición navego en el hemisferio sur. Pero eso es otra historia.

Ya puestos en historia, os cuento otra historieta. En 1499, los Reyes Católicos levantaron el monopolio de los viajes al Nuevo Mundo que tenía Colón, y hubo otros armadores que con los resultados de los primeros viajes se animaron a invertir y hacer expediciones para buscar sobre todo perlas y oro. Uno de ellos se llamaba Diego, y era de Lepe, y sin apenas experiencia en navegación monto una expedición y fue a parar también al Cabo de Santa María de la Consolación, pasaron por delante del amazonas cuando Yáñez Pinzón estaba fondeado allí, y luego más tarde se encontrarían juntando flotas en la costa de lo que hoy es Venezuela.

Volvemos al presente.

El pueblo cercano se llama Santa Cruz de Cabralia, (por lo del Sr Cabral), pero, aunque está en la costa, esta en alto y protegido por una barrera de arrecife, para llegar hay que hacerlo por el río.

Aquí no hay puertos artificiales, y naturales muy pocos, así que hay que buscar resguardo en los ríos. El río, San Joao de Tiba, sólo es navegable los primeros km. Este está bien señalizado, pero también la entrada es una doble barrera de arrecifes la que lo protegen. La playa es parque natural, van a desovar las tortugas, aunque no fuimos por la noche a verlas.

Anclas delante de un restaurante, que se come bien, pero no hay nada más. Aquí dejamos el barco y seguimos con Raki, nuestro bote, de excursión hasta Cabralia. Hay que remontar el río unos 2 km, pero esquivando los bancos de arena,

En Cabralia hay poca cosa, muchos pescadores, una iglesia y una prisión de 1800. La visita es curiosa, y el guía que encontramos también, no tiene sueldo, te piden una ayuda y con eso se viven, se tiene que pagar hasta el uniforme que llevan.

Lo que si tiene una es una buena vista del río, las playas y rezuma la historia de los primeros desembarcos. También es de dónde parten las escunas, los barcos turísticos para ir a visitar el parque nacional de los arrecifes de coral.

Estas escunas pasan pegadas a dónde estamos fondeados en la entrada del río, y nos hacen fotos como si fuéramos una atracción más.

Un par de días en el río y volvemos a Coroa Vermelha, nos gustó mucho el fondeo, tranquilo y con agua limpia. Siempre está a 28º.

Ahora aquí es otoño, así que la temperatura es muy buena, unos 23-24 por la noche y raro que pase de 30 al mediodía. No hace tanto calor como hace un par de meses.

Dejamos atrás la costa del descubrimiento, y nos vamos a la Costa del cacao.

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